Latinoamérica es presa de “tiburones” del microcrédito

El premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, reconocido por su sistema de microcréditos para los pobres, subrayó este martes que en Latinoamérica muchas personas han tergiversado su idea y ofrecen microcréditos para lucrarse en vez de ayudar a la gente.

Roma/EFE Agosto 2016

“Existen muchos casos en los que impusieron tasas desorbitantes para hacer dinero. Tenemos que denunciarlo. No son microcréditos, solo están utilizando esa palabra para ganar respetabilidad, pero ningún tiburón es respetable”, aseguró Yunus en una entrevista con Efe.

 

Yunus

Yunus, reconocido por su sistema de microcréditos para los pobres. (Foto Notiplaneta.ONG: Youtube.com)

El bangladesí se encuentra en Roma para presentar mañana junto con otros galardonados con el Nobel y la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) una alianza a favor de la seguridad alimentaria y la paz.

Preguntado por la expansión mundial de su Banco Grameen tras lograr el prestigioso premio en 2006, Yunus afirmó que uno de sus principales logros fue establecerse en Estados Unidos dos años más tarde -actualmente tiene 18 filiales- frente a la opinión de quienes veían “difícil”  llevar el modelo a un país rico.

“Yo dije que sí era posible, que era cuestión de hacerlo bien”, apuntó. Más natural parece haber sido la ampliación desde Bangladesh hacia otros países en desarrollo, aunque en el caso de América Latina  (donde esa banca está presente en países como Colombia, Haití o Brasil), Yunus lamentó que haya gente que se ha aprovechado indebidamente.

Allí “algunas personas tomaron la idea y la usaron para hacer dinero, mucho dinero, para ellas mismas, lo que de alguna forma desvió los depósitos”, criticó.

Yunus reiteró que los microcréditos se crearon “como un negocio social, para ayudar a las personas y no para aprovecharse de ellas”, al tiempo que consideró que la gente se ha dado cuenta de que existen “buenos microcréditos y otros malos”.

Dentro de su concepción del “social business”  está la de una compañía que no reparte dividendos, sino que se centra en solucionar problemas de tipo social y puede recuperar progresivamente la inversión realizada.

Durante una charla en la FAO junto con directivos de grandes corporaciones, puso el ejemplo de los agricultores que en Colombia o Francia están ahora elaborando productos como sopas a partir de las patatas que antes descartaban por no adecuarse a las medidas estándares.
“Basta quitarse las gafas de los negocios regulares y ponerse las otras de la empresa social para poder ver en el campo muchas más patatas”, dijo irónicamente.
Para Yunus, la clave del desarrollo económico y social no está tanto en la innovación tecnológica como en la mentalidad.

“Lo más importante para nosotros en Bangladesh ha sido llegar a la segunda generación de los prestatarios, que ha sido educada a diferencia de sus padres. A estos hijos les damos préstamos para educación y seguros médicos. Acaban la escuela y no tienen trabajo, pero es mejor que se olviden de los empleos”, enfatizó.

En su opinión, nadie debería pedir trabajo sino crearlo, filosofía que está detrás de la entrega de microcréditos a millones de humildes emprendedores en el mundo.
Todo empezó cuando la hambruna de 1974 en su país natal le obligó a desplazarse a trabajar en el campo y, viendo cómo los lugareños eran víctimas de los prestamistas locales, decidió ofrecerles dinero de su propio bolsillo para protegerles de los abusos.
Desde su creación en 1983, el Banco Grameen ha facilitado más de US$18 mil millones (unos €16 mil millones) con facilidades de pago a los más necesitados, sobre todo a mujeres.

Hasta diciembre pasado sus usuarios habían ahorrado en sus cuentas unos US$1 mil 500 millones (€1 mil 300 millones), una cifra superior a la de los US$1 mil 200 millones (€1 mil millones) que siguen debiendo.

Inspirador de ese mecanismo de lucha contra la pobreza, Yunus también llamó a reflexionar sobre la conexión entre el hambre y el conflicto aprovechando el próximo lanzamiento de la alianza promovida por la FAO.

“El conflicto lleva a la inseguridad alimentaria -no puedes producir nada, ni transportarlo, ni venderlo-, y la inseguridad alimentaria conduce al conflicto, por lo que es necesario garantizar los alimentos para que la situación no derive en inseguridad”, sostuvo el premio Nobel de la Paz.

About the Author

Prev Dos continentes, una sola meta: el Frente Parlamentario contra el Hambre llega a África
Next Impactante informe de Oxfam sobre riqueza y desigualdad en el mundo